El lienzo de vidrio

Salió al patio. La luz del atardecer, tibia y delgada, reflejaba las imágenes en el vidrio de la ventana abierta, y su transparente superficie traslucía al bosque del fondo, formando dos imágenes en una sola, como calcas.

Giró la ventana lentamente, animando el reflejo y barriendo la panorámica en otros ángulos y otras figuras y reflejos. En cierto momento, la imagen le trajo un recuerdo a la mente. De niño había tenido un sueño recurrente. De un bosque salía, sigilosamente, un tigre plateado que iluminaba su silueta en la noche y se le quedaba viendo con brillantes ojos amarillos antes de desaparecer súbitamente. Y al despertar le quedaba un sentimiento de curiosidad y temor. 

Ahora se encontraba en una cabaña junto al bosque. Al renunciar a su trabajo de dibujante de historietas y con sus ahorros, se dedicó a pintar, ya no caricaturas, sino las imágenes de sus sueños. Ya tenía la casita repleta de cuadros. Lienzos en los muros, en el suelo, detrás de los muebles, en la cocinita, hasta en el baño.

Así recordaba su sueño, cuando observó, en el reflejo del vidrio, emergiendo de la frondosa penumbra, al tigre plateado de brillantes ojos amarillos. La calca de dos imágenes en sentidos opuestos conformaba la imagen sumada, siendo el vidrio la pantalla de tal ilusión. O… ¿acaso era eso?

El sol ya había desaparecido, y a la hora cero, en la rendija del tiempo, cuando las cosas nos miran y nosotros no podemos mirarlas, el tigre había aparecido, fulgurante y cercano.

La noche quizás lo había engullido todo en segundos; los reflejos en el vidrio se desvanecieron. También el felino se perdió. 

El fresco se hizo sentir, y al cerrar la ventana notó que el vidrio tenía el paño de vaho de una respiración, justo allí donde el tigre había estado. Era la neblina de su aliento, la nube de sus sueños… tan cerca había estado… al alcance de su mano. Un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Tomó sus pinceles, y a la luz de las velas pintó su rostro reflejado en el vidrio. Al terminar, sus ojos, amarillos, centelleaban luminosos, feroces, observándolo en la cabaña desde el bosque, desde lejos.

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Por: Ricardo Ehrenberg

Imagen: Kodak No. 1 Circular Snapshots via The Public Domain Review